Las smart cities se alzan como el nuevo paradigma de crecimiento inteligente e inclusivo en la Sociedad de la Información
Hace una década hablabámos ya de las Smart Cities, no con los mismos términos, pero sí como un nuevo paradigma estratégico que se presentaba en las administraciones públicas. Sin embargo y pese a la financiación en los gobiernos de numerosos proyectos en e-administración, muchos acabaron siendo papel mojado porque no era el momento.
A pesar de este retraso, hemos conseguido interiorizar poco a poco cómo el digital se ha metido en nuestro día a día y, por ende, en nuestra sociedad. Por ello, la Sociedad de la Información nos permite entender el mundo como la comunicación, conexión e interacción de las personas con las Tecnologías de la Información.
Hablamos, de esta forma, de una tendencia natural de las ciudades, integradas en el digital, para convertirse las Smart Cities o Ciudades Inteligentes. No sólo son objetivos prefijados por instituciones y administraciones públicas, sino algo intrínseco en la Era Digital que estamos viviendo.
Por otro lado, creemos que el paso a las Smart Cities supone un cambio radical en todos los ámbitos. Nada más lejos de la realidad: simplemente estamos aprendiendo a usar todos nuestros recursos para facilitar la vida a las personas, a través del, uso responsable de la tecnología y el Big Data.
La “inteligencia” de las ciudades al servicio de las personas
Ha llegado el momento de hablar de ciudades digitales en la Sociedad de la Información que nos ofrecen un nuevo estado de confort. Todo ello gracias a la accesibilidad globalizada de las tecnologías que permiten sensorizar y monitorizar los servicios públicos de manera integral. Además de, disponer de información precisa de las tendencias socioeconómicas en tiempo real, facilitar la información de interés público a los ciudadanos y mejorar la eficacia de las relaciones entre el ciudadano y el gobierno. Sin olvidarnos de conseguir una movilidad más sostenible. En definitiva, avanzar hacia soluciones inteligentes que no solo mejoren la eficiencia de la gestión de los servicios públicos, sino que supongan unos beneficios directos a todo un gran colectivo.
Ahora, podemos hablar de que la inteligencia puede transformar nuestras ciudades en espacios con un mayor rendimiento y lleno de oportunidades.